UN PASEO EN BURRO POR LA CIUDAD DE PETRA.


En el centro de Jordania, se ubican los restos de una ciudad fantástica, única y maravillosa: Petra, la urbe de piedra, la morada de los nabateos. Escenario de numerosas producciones de cine y documentales. Lugar abandonado desde siglos, con numerosas incógnitas, en medio de la nada, que permanece inmutable desde sus riscos y edificaciones de piedra. Parada obligatoria en las antiguas rutas de la Seda y de las Especias.

Durante seis siglos estuvo totalmente olvidada para el mundo occidental, debido a la marcha de sus moradores y a lo difícil de su acceso, que se consigue por un estrecho desfiladero excavado en roca multicolor y denominado “Siq”. Por aquí nos cruzaremos con numerosos beduínos a lomos de caballos árabes demostrando sus habilidades o borricos tirando de carros que aproximan a los visitantes. Tras el acceso mediante este pasillo, nuestra mirada permanece absorta frente a uno de los principales edificios, el Tesoro. Seguro que nos suena, es donde se oculta el Santo Grial en la película de “Indiana Jones y la última cruzada(1989)”. También ha sido el escenario escogido para multitud de metrajes, “Marte, (2015)”, “El regreso de la momia, (2001)”, “El planeta rojo, (2000)”, “Lawrence de Arabia, (1962)”. Aquí encontramos una gran explanada donde se juntan los visitantes y guías. Unos cuantos camellos permanecen descansando, a la espera de que los alquile algún turista o simplemente pague por fotografiarse con ellos. Johann Ludwig Burckhardt, de origen suizo, tuvo la suerte de vivir en un momento en que estaban muy en boga las expediciones. Un gran conocedor de las tradiciones árabes y su idioma, recopila información y se disfraza para pasar desapercibido, consigue llegar y redescubrir para el mundo la ciudad de Petra, en agosto de 1812.

Hoy esta ciudad permanece deshabitada, a excepción de unos pocos beduinos y las adelfas silvestres que inundan todo, aunque es un punto turístico de importancia vital para el país. En las proximidades podemos encontrar hoteles, tiendas de recuerdos y ya en las inmediaciones de la ciudad nabatea, alquiler de caballos, burros y camellos.

Imagen de promoción a la entrada del desfiladero o «Sic». Es improbable que veamos por el entorno caballos tan «raceados».

En las últimas décadas el turismo se ha hecho masivo, aumentando la riqueza de la zona y de los touroperadores, a costa de perder parte de la esencia y de la autenticidad. La ciudad transcurre en la ladera de unos cortados y como único acceso se tallaron a mano más de 800 escalones de manera desigual, lo que hace que subir hasta lo más alto (el llamado Monasterio) se convierta en casi una gesta deportiva que muchos no consiguen. No todo el mundo está capacitado físicamente para el esfuerzo, los beduinos han aprendido a ganarse la vida alquilando sus borricos que diligentemente guian de las riendas. Son animales de talla pequeña, pero muy bien adaptados a esta ciudad desértica, donde la escasez de agua y vegetación queda patente.

Uno de los ejemplares con su guía en la parte alta, llamada «Monasterio».

Pocas cosas me han impactado tanto en el mundo de los burros, como ver con qué facilidad son capaces de transportar a europeos y americanos pancirellenos, de carnes desbordantes, a través de los 800 escalones y la fuerza con que ascienden cada uno de ellos. Con aparente tranquilidad y profundamente conocedores del terreno, no dan un paso en falso y realmente saben desenvolverse con mucha experiencia, otorgando una gran confianza para lo que no están diseñados: subir escaleras.

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By | 2019-02-26T18:51:17+01:00 febrero 26th, 2019|A caballo por el mundo|0 Comments

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