EL PASO DE SAN BERNARDO, POR PAUL DELAROCHE.

En esta ocasión, vamos a mostrar dos cuadros; el que pudo haber sido y el que fue. Lo que debe aportar la estrategia de la buena imagen y lo que acaba siendo la realidad, la cara y la cruz.

El paso de San Bernardo es un puerto situado en los Alpes, a nada menos que 2473 metros de altura. Se trata, desde siempre, de una ruta estratégica que une Suiza con Italia. Cerca se encuentra desde el año 1050 el Hospicio del mismo nombre, encargado de controlar la seguridad de los viajeros y rescatarlos, según la leyenda, mediante unos perros provistos de recipientes con bebidas espirituosas y reconfortantes; estamos ante el origen de la raza canina San Bernardo.

Alejandro Magno






En el retrato que podemos admirar del artista Jacques-Louis David, del que existen hasta cinco versiones, el emperador aparece sobre uno de sus caballos preferidos, el árabe Marengo, representa el paso de esta ruta en el año 1800 junto a 40.000 soldados y toda la intendencia pertinente. Marchan a Italia, en concreto a ganar la Batalla de la ciudad de Marengo. Se cuenta que en el viaje por los Alpes la logística fue compleja: 22.000 botellas de vino, 1.500 kg de queso y casi 800 kg de carne fueron necesarios para alimentar a todo el personal que componía el ejército. Una travesía heroica, sin duda. Pero a veces la historia verdadera nos puede decepcionar. Realmente este paso del puerto no fue ascendido a caballo, sino con una expedición de burros y mulas. Animal menos digno para todo un general europeo, pero más adecuado para el entorno alpino. El cuadro, no por ello, deja de ser una sublime obra de arte puesta a disposición de la propaganda y ensalzar la gallardía y el poder absoluto de Napoleón, inspirado en los modelos artísticos de la Grecia clásica, recuerda la manera en que era representado Alejandro Magno. Caballo de crines alborotadas, elevado sobre sus posteriores y una composición que atrae la mirada gracias a la llamativa capa roja.

Una de las diferentes versiones que realizó el artista Jacques-Louis David de Napoleón atravesando el paso de San Bernardo. Imagen, sin duda, para mantener la dignidad del general. Puesto que este agreste puerto situado en los Alpes, fue atravesado en burro.

Pero ahora observemos la obra que representa con más realidad el paso de San Bernardo. “Bonaparte cruzando los Alpes” por Paul Delaroche (1850). Se considera una obra precursora del estilo realista. Contrasta el aspecto de este Napoleón, que no corresponde a la dignidad que confiere ser el dueño de Europa. El frío hace mella en su expresión facial que denota sufrimiento, fatiga y aterimiento, como consecuencia marcha encogido y un poco volcado sobre la montura. El acompañante guía tapado con peor ropa para diferenciar el estatus social, no es más que el acemilero llamado Pierre Nicholas Dorsaz, el rostro se adivina enrojecido a consecuencia de las bajas temperaturas. La historia cuenta que el general y el guía no se hablaban durante la travesía. Pero un resbalón del burro casi hace caer a Napoleón, logrando salvarle su diligente conductor Pierre. A partir del suceso fueron intimando un poco más y como gratificación, el general, le obsequió con la cantidad necesaria para comprarse una granja, un campo y una vaca, el sueño de su vida. Todo un detalle.

«Bonaparte cruzando los Alpes», por Paul Delaroche (1850), un retrato que se aproxima más a la realidad.

El burro también marcha cabizbajo, con aspecto cansado, el ambiente que predomina la escena es el agotamiento y el frío. Aunque lleva la montura militar, la personal de Bonaparte, la cabezada con las anteojeras indican que su labor habitual y menos noble pasa por labrar los campos.

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By | 2019-02-26T18:31:52+01:00 febrero 26th, 2019|El Caballo y el Arte|0 Comments

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