SAN JORGE Y EL DRAGÓN.


Pocos mitos son tan populares como San Jorge y su lucha contra el Dragón, ser mitológico y misterioso que, a juzgar por los testimonios, era bastante común en las aguas de pantanos y ríos de la época por toda Europa.

Cuenta la leyenda que en la antigua ciudad libia de Silca, en sus aguas, habitaba un dragón que intimidaba a los habitantes de la localidad. Para aplacar su ira, todos los días lo alimentaban con dos corderos. Pero sucedió que los corderos se agotaron y fueron sustituídos por las muchachas del entorno. Cada día, una por sorteo, se sacrificaba por el bien del pueblo. Todo iba bien, hasta que un día le tocó a la hija del rey. En el momento en que iba a ser engullida por el monstruo, un valeroso caballero armado con lanza y montado sobre un caballo blanco, aparecido de la nada, es capaz de matar al dragón, salvando así a la joven princesa. El héroe resultó ser un soldado romano llamado Jorge y destinado en la Capadocia (Turquía), bajo las órdenes del emperador Diocleciano.

Casualidades de la vida, su gesta no le valió de mucho. Pues acabó torturado y decapitado por los propios romanos, tras confesar su fe católica, se cree que el 23 de abril del año 303. De esta manera, pasó al extenso listado de santos y mártires , gozando de gran veneración en la mayor parte de Europa y de manera particular en Cataluña y Aragón, donde fue declarado el Patrón en las Cortes de 1461.

Al igual que Santiago, aparece en las batallas cuando éstas parecen estar perdidas, consiguiendo que den un giro. Algo parecido a la última esperanza. Así, lo vemos presentarse con un caballero germano a la grupa de su caballo en la batalla de Alcoraz, en 1096, uniéndose a las tropas cristianas de Pedro I y permitiendo la liberación de la ciudad de Huesca de la opresión de los infieles.

San Jorge y el dragón, por Rafael Sanzio (1504).

El artista italiano del maravilloso renacimiento italiano, pintor y arquitecto, Rafael Sanzio o Rafael de Urbino (1483-1520), plasma la gesta heroica de manera sublime. La imagen corresponde a un diminuto óleo pintado sobre el año1504 en madera cuyas dimensiones son de 28,5 cm por 21,5 cm y que puede admirarse en National Gallery of Art de Washington. En él, destaca el eterno dilema entre el bien y el mal, con un triunfador claro y evidente. Un paisaje idílico, idealizado e imaginario, muy habitual en cualquier manifestación artística del Renacimiento. A la derecha, observamos a la princesa arrodillada, en posición orante o de rezo, pidiendo por su vida en el último instante. La cabeza va tocada con un nimbo o halo; se interpreta como la Iglesia católica que debe ser protegida ante las numerosas amenazas, en especial la del Islam. El dragón, evidentemente, es el mal, el pecado, la tentación, el demonio. San Jorge sobre su caballo blanco representan la pureza, el bien, el triunfo, los salvadores de la religión y por ende de la humanidad. Es, quizá, el primer superhéroe que salva al desfavorecido o al oprimido en esta sociedad no siempre justa. He aquí el ejemplo de soldados cristianos que precisa la Iglesia para triunfar.

El binomio caballo-caballero va engalanado como para un torneo cortesano. Armadura lombarda con capa, lanza y espada. El caballo, con montura de doble borrén y bocado de guerra con las camas o palancas muy largas, pecho petral y baticola. Las espuelas son las denominadas acicates, pero evolucionadas. Al principio, acababan en punta viva, en el siglo XIV se instala una estrella casi siempre de ocho puntas, alargando el cuello o gallo a veces de manera exagerada. La monta con la pierna totalmente estirada corresponde al estilo predominante de la época, que permitía adquirir una gran sujeción en la silla frente a los embates de la lanza en los duelos; es el estilo de la monta a la estradiota.

El término procede del griego (stratiá), significando ejército. Los estradiotes eran soldados procedentes de lo que hoy denominamos Albania y su entorno. Conformaron la guardia personal de los diferentes monarcas del reino de Aragón en Nápoles. A pesar de traer su indumentaria a la turca, aquí debieron cambiarla por la armadura reglamentaria. Era una suerte de caballería ligera, pero la técnica de equitación bien distinta a la de la monta a la jineta.

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By | 2019-04-20T18:40:12+01:00 abril 20th, 2019|El Caballo y el Arte|0 Comments

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