¿QUÉ ES EL BUZKASHI?

Es viernes y la mañana kabulí está fría, no es de extrañar, pues la capital de Afganistan, se encuentra casi a 1800 metros sobre el nivel del mar en un país donde un 75% es montañoso. El guía ha prometido llevarme a una de las manifestaciones más tradicionales de por aquí, que me asegura no va a dejarme indiferente. En las calles aún pueden verse los esqueletos de muchos edificios que han sido bombardeados durante años, siendo el testimonio fehaciente de las últimas décadas de horror. A pesar de que este acontecimiento fué prohibido, como lo ha sido casi todo por aquí, en especial todo lo relacionado con la cultura y la mujer. Ahora, con la paulatina retirada del invasor de corte radical y totalitario, hay cosas que vuelven y una de ellas es el Buzkashi o Kokpar. Posiblemente, sea una de las actividades a caballo más violentas del mundo, reconozco que pone los pelos de punta, pero intento no juzgar ni condenar y me limito a relatar lo que vi de la manera más imparcial posible.

Una gran explanada, que antiguamente medía hasta dos kilómetros, es ocupada por dos equipos formados por los jinetes y sus correspondientes caballerías. Una ceremonia inicial recibe a los capitanes de ambos bandos, a menudo personas destacadas como señores de la guerra o del contrabando, las dos actividades principales del país. Rodeados de guardaespaldas y fusiles Kalashnikov, se estrechan la mano y comienza el partido… o el combate. El entorno está abarrotado de un público que parece sacado de una película. Tocados con su pakul o turbante y el chapan, algunos portan las cuentas en la mano derecha para no perder el hábito del rezo a Alá, este deporte es vivido con la misma pasión que el fútbol en Europa. Catálogo de etnias y babel de lenguas en una ciudad que supera con mucho los tres millones de habitantes, resultado de siglos de invasiones. Pastunes, Tayikos, Hazaras o Uzbekos se comunican en persa, pastún, uzbeko y hasta treinta lenguas diferentes. Rostros endurecidos e impenetrables de sólo hombres, de tribus asiáticas, gente curtida que te miran de manera extraña, desafiante y penetrante, que no temen a nada.

Salvando las distancias, podríamos equipararlo al horseball de origen francés o el pato argentino, una especie de baloncesto a caballo. En el Kokpar, no existe reglamento, jueces ni uniformidad que diferencie los equipos, por lo tanto el triunfo o derrota depende únicamente de los jugadores, que son los que improvisan las reglas del juego sobre la marcha, haciendo mucho más confuso y caótico el evento. Las confrontaciones no tienen un tiempo estipulado, por lo que pueden durar varias horas. El juego se inicia recogiendo del centro del campo una cabra (boz) descabezada, que debe ser introducida en un recinto circular perfectamente elevado con tierra y unos neumáticos. A pesar del material deplorable y las condiciones generales poco favorables, gozan de un excelente equilibrio y gran facilidad para llegar a la cancha contraria a galope tendido. Empujones, golpes, pisotones y accidentes severos se suelen suceder frecuentemente. Imágenes demasiado violentas que cuesta creer, sin justificación alguna. Cuando la invasión rusa, se llegaban a “blindar” con los restos más ligeros de los tanques que quedaban abandonados. Esa violencia también es trasladada a los caballos, que deben soportar auténticas batallas campales, acabando en el suelo con cierta frecuencia y donde parece que el miedo real a la muerte no existe. Reconozco que en ocasiones cuesta mantener la mirada fija en la refriega. Los jugadores vencedores ganan un reconocimiento social y mediático, algo así como héroes, detalle muy importante en uno de los países más desestructurados del mundo.

Durante la invasión de los talibán, esta práctica se prohibió, al igual que cualquier otra manifestación deportiva, cultural o formativa. Con el retroceso de este régimen totalitario, ha vuelto a establecerse como una necesidad de la normalización del país. El Comité Olímpico Afgano ha intentado regular este deporte, acortando las dimensiones del terreno y los tiempos de duración, racionalizándolo un poco más.

 

 

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By | 2018-05-29T13:00:51+00:00 mayo 26th, 2018|A caballo por el mundo|0 Comments

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