¿PROFESOR-JINETE O JINETE-PROFESOR?

 

En numerosas ocasiones oímos a los aficionados a la equitación debatir acerca de la importancia de que un profesor sea un buen jinete. Sin lugar a dudas, debe ser así, pero…¿debe ser más jinete que profesor o más profesor que jinete? Una cuestión interesante, que nos conduce a una serie de reflexiones.

Cuando deseamos contratar a un preparador de confianza, hemos de valorar algunas cualidades esenciales, o habilidades elementales, que permitan captar y absorver los valores y principios reales del mundo del caballo.

CONOCIMIENTOS TÉCNICOS- Los conceptos propios del entrenamiento, el esquema a seguir en cada sesión, el orden de las cosas. Que sea capaz de combinar las nociones de equitación con salto, doma, higiene, alimentación, reglamentaciones, etc.

CONOCIMIENTOS PRÁCTICOS- Evidentemente, hay que saber hacer las cosas para enseñarlas, por lo que es conveniente ser jinete antes que entrenador. Esto permite precisar al alumno las ayudas exactas en cada momento y conseguir que la comunicación con el caballo sea plena. En ocasiones, el profesor, debe montarse para demostrar las ayudas o ejercicios.

NOCIONES DE PSICOLOGÍA EQUINA- Hay que comprender como piensa un caballo, cuánto le podemos pedir y hasta donde debe dar. Se trata de una importante herramienta para no forzar a nuestra montura. De esta manera, optimizamos rendimiento y esfuerzo de forma razonable. Pensemos por un momento, que no todos los animales aprenden igual ni toleran de la misma forma la presión.

NOCIONES DE PSICOLOGÍA HUMANA- Algunos alumnos, simplemente desean aprender pasando un buen rato, otros en cambio, aspiran a ser en un futuro jinetes de alto nivel. Por tanto, la exigencia nunca debe ser la misma. Los temores a las primeras e inevitables caídas, la edad, la forma física o el entorno van a ser variables en el rendimiento del binomio jinete-caballo. El entrenador debe manejar estos elementos como un prestidigitador, que le permita extraer el máximo del conjunto Un ambiente tranquilo y seguro, un tono de voz que incite a la confianza y unos argumentos solventes, convincentes y decididos, pero dejando siempre una puerta abierta a los comentarios o dudas, al intercambio de información bilateral.

En casos particulares, como la doma de un potro, la ayuda de un profesor experimentado resulta esencial.

TRANSMITIR VALORES- Las cualidades y valores personales no se aprenden ni se adquieren de forma espontánea o en un curso de fin de semana. Las cualidades positivas como la ética, la educación, el respeto, la motivación, la honestidad, la serenidad o la cooperación, se adquieren con los años y el reciclado constante, acaban siendo una opción; nuestra bandera frente a la vida. En resumen, que hagamos lo que predicamos. En mi opinión, este apartado resulta crucial, ya que el profesor siempre impregna a sus alumnos de sus propias cualidades y -por qué no- de sus vicios, de sus triunfos y de sus fracasos.

Para muchos, el instructor es el ideal como jinete, la referencia y el modelo a seguir. También es importante ostentar madera de líder, ser capaz de estar al frente de un equipo pero no dando órdenes de tipo imperativo, sino más bien como un coordinador, conceptuando ideas, favoreciendo la comunicación. Un líder debe ser el resultado de la amalgama de dos ingredientes: formación y motivación.

Hay que enseñar equitación, pero también enseñar a ser persona con valores.

Hagamos de la equitación un medio y no un fín. Una herramienta que nos permita mejorar y madurar como personas, desde el autocontrol, el respeto, la superación de problemas y el conocimiento. Que no sea un fin donde la acumulación de trofeos o escarapelas se convierta en lo importante, sin valorar los métodos.

Después de todo lo reflejado, muchos pensarán que ser entrenador no está al alcance de cualquiera y que posiblemente se necesiten unas cualidades concretas, casi de superhombre. Pero, ¿alguien dijo que impartir clases de equitación fuera fácil?

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By | 2018-02-28T18:32:37+00:00 febrero 27th, 2018|Apuntes al entrenamiento|0 Comments

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