PRIMER ELEMENTO: LA RELAJACIÓN.

 

El comienzo de la doma de un potro implica la habituación al peso del jinete y a las indicaciones que le hagamos desde arriba. Para un caballo, tener algo encima le causa pavor, pues los depredadores se suben al dorso para atacar. Este es uno de los motivos del nerviosismo en las primeras montas. Pero, ¿qué es la relajación?, evidentemente, es la falta de tensión. Vamos a intentar entender en toda su extensión esta obviedad, que, no por ello es sencilla de conseguir.
Partamos de que no todos los animales – ni las personas – tenemos el mismo temperamento. Esto viene marcado fundamentalmente por tres factores:
-El racial, cada raza tiene un temperamento seleccionado atendiendo a su uso. No es lo mismo en su temperamento un Arabe o un Purasangre, que un Frisón o un Percherón.
-El individual, puede haber dentro de una raza ejemplares más movidos que otros. Si dentro de una raza de mucho temperamento (sangre caliente) existe un individuo excesivamente fuerte de carácter, es muy probable que sin una experiencia previa, lo estropeémos. No olvidemos los machos enteros, que por su condición de alerta constante les cuesta más entrar en un estado de calma y concentración.
-El manejo personal, un caballo muy tranquilo, lo podemos volver excesivamente fuerte, pero sin relajación. El manejo poco experimentado o excesivamente rudo puede estropear un caballo de fuerte temperamento. El exceso de castigo con las espuelas, la fusta o la serreta, un mal asiento donde golpeamos constantemente el dorso, una embocadura poco adecuada, incrementan de manera exponencial la tensión.

¿Cómo podemos reconocer la tensión en un caballo?, no es difícil y hay que aprender a adiestrar la vista a ciertos indicios.
-La expresión de la cara. Que no muestre el blanco de los ojos, ni la fibra de los maseteros (carrillos), que no rechinen los dientes, que el hierro no sea mordido por los molares.
-Algunos aspectos corporales: sobre todo, atención a los cuellos en exceso levantados, que puede acabar en invertido (cuello de ciervo), dorso hundido, marcha irregular parecida a una cojera, retrote, golpes fuertes con los cascos, rabo elevado y con movimiento constante.

Caballo de escuela invertido. La musculatura trabaja al revés tal y como indicamos.

Al final, este bloqueo permanente repercute en una descompensación física, dificultando la armonía en el desarrollo muscular. Lo habitual es que los procesos se sucedan en cadena. El cuello muy alto implica un desarrollo en exceso del músculo antagonista (contrario), el braquiocefálico. A su vez, hunde el dorso por la contracción del longísimo y los abdominales dejan de trabajar. Los pies no se emplean y los trancos pueden ser irregulares y cortos. Es lo que denominamos “tener un caballo al revés o invertido”. Es un animal bastante difícil de manejar. Esta tensión ha empezado en nosotros mismos como jinetes, tiramos de las riendas y nos sujetamos a ellas para no caernos, botamos en el dorso, usamos embocaduras o riendas auxiliares restrictivas…
¿Qué solución hay? Si nuestro caballo lo tenemos ya con estos defectos, se debe reiniciar el entrenamiento, armándonos de paciencia, puesto que nuevamente debe modificar toda la estructura, y eso no es fácil. Es como resetear un ordenador. Ante todo, debemos aprender de un profesional que nos vigile y explique los principios del entrenamiento y la biomecánica. Sobre todo insistamos en corregir nuestro asiento y posición general de brazos, piernas.
No sólo va a tener responsabilidad el jinete de esta tensión. A menudo es una manera de que nuestro caballo nos manifieste que algo le duele o que siente miedo a un exceso de entrenamiento. Los caballos jóvenes deben tener sesiones muy medidas, limitadas y ligeras que eviten un trauma o temor al trabajo. Muy importante es montar al inicio con las riendas más largas, donde puedan estirar el cuello y toda su línea dorsal. No pensemos al principio en la reunión. La relajación no se consigue con fatiga o agotamiento, comienza en la mente del caballo joven a través de la seguridad y la confianza que transmita un entrenador experimentado.

Otro ejemplo de caballo con mucha tensión.

La base de una buena relajación se verifica en la mayoría de las reprises con diagonales al paso, que suelen valorarse con coeficiente dos, es decir, el doble de puntos. Por tanto, el paso es uno de los aires clave para detectar la tranquilidad en el entrenamiento. Echemos muchos días de entrenamiento andando por el campo. Lo habituará a estímulos externos como vehículos o perros y alcanzará esta preciada y básica cualidad.

 

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By | 2018-02-27T20:08:43+00:00 enero 27th, 2018|La escala de entrenamiento|0 Comments

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