OPERACIÓN COWBOY, SALVAD A LOS CABALLOS LIPIZZANOS.

Pongámonos en situación; nos encontramos en la Segunda guerra mundial. En el año 1945 un menguado ejército alemán comienza a perder posiciones en varios frentes europeos. Los estadounidenses han decidido intervenir, jugando un papel fundamental en la liberación europea frente a una de las guerras más crueles, donde las tristes protagonistas son las innovaciones bélicas como las ametralladoras, los carros de combate blindados, los exterminios con productos químicos y los campos de concentración.

La capital de Austria, Viena, está ocupada por los nazis, objetivo vital e importante de manera simbólica, pues Hitler no era alemán, sino austríaco. Los tanques americanos empiezan a provocar socavones y numerosos daños con sus proyectiles en diferentes puntos de la ciudad con el comienzo de marzo. Por aquel entonces, la Escuela Española de Equitación era dirigida por el coronel Alois Podhajsky, medallista olímpico y autor de varios libros en los que derrocha sabiduría y sensibilidad hacia los caballos. El principal cometido en estos años, por imposición, era el de enseñar a montar a los militares nazis, a lo que se refiere con amargura en sus memorias. También los rusos amenazan con ocupar la zona. Se sabe que en tiempos de necesidad y penuria el respeto a la vida -de cualquier tipo- es inexistente y el recurso de los caballos puede ser una gran fuente de alimentación y venganza. Con más motivos si, además, existen dos tipos de hambre; el biológico y el del odio. El edificio de la Escuela se encuentra en peligro, así como sus jinetes y el valioso patrimonio genético que constituyen los animales allí albergados de raza lipizzana.

Se trata de la escuela de equitación más antigua, la que mejor ha respetado los orígenes de la monta a caballo clásica, aquélla que ha dado la esencia y la tradición. En 1562, el archiduque Fernando I de Habsburgo, hermano de Carlos I de España, trajo a Austria un lote de caballos españoles y los adiestradores para continuar la enseñanza. Animales muy dotados para la máxima reunión y mezclados con unos ejemplares originarios de la región de Lipizza (actual Eslovenia), que fue el germen de la escuela.

El general Patton saludando al final de la actuación al coronel Podhajsky

Ya había existido un precedente: el Ejército Rojo asedió Budapest el 13 de febrero de 1945. Allí existía una sucursal de la Escuela, el comandante y director de la misma, Géza von Hazslinszky huyó con los animales, pero los carros blindados soviéticos alcanzaron la columna de lipizzanos, matando a dieciocho e incautando cuatro para arrastrar de los carros de municiones en dirección a Viena, obligándolos a trabajar hasta la extenuación.

Podhajsky había entablado amistad con el famoso general estadounidense Patton (1885-1945). Ambos coincidieron en las Olimpiadas de Estocolmo de 1912, cuando representaban a sus respectivos países. Patton, de una arrolladora personalidad, optó por la prueba de pentatlón moderno (tiro con pistola, esgrima, natación, carrera a pie campo a través y salto a caballo). En la modalidad de tiro con pistola, se afirma que no ganó porque sólo uno de los disparos dió en la diana, aunque el general declaraba que sendos impactos coincidieron en el mismo agujero… ahí queda la disquisición.

Para convencer al general Patton de su ayuda para la evacuación de los caballos, nada mejor que efectuar una exhibición en su honor. La limitación de medios que proporciona una guerra hace que exista la improvisación, el militar americano se queda impresionado ante el paso a dos, los ejercicios a las riendas largas y los saltos de escuela. En sus memorias puede leerse:”Se me hizo extraño comprobar que en un mundo en plena descomposición unos veinte hombres de mediana edad, en buena condición física, habían invertido todo su tiempo y su energía en enseñar a bailar a unos caballos”.

El ejército nazi tenía la mayoría de los caballos destinados en el Criadero Federal de Piber, en la actual Austria. El 28 de abril de 1945, da comienzo por parte de la Segunda Unidad de caballería de los Estados Unidos lo que van a denominar con el pomposo nombre “Operación Cowboy”. En principio se trataba de llevarlos a la frontera checa, algo no demasiado complicado. La ruta la marca una vía férrea en dirección sur, para llegar a las montañas de la selva de Bohemia, unos cuarenta kilómetros. Los potros de menos de dos semanas y las yeguas a punto de parir serían llevadas en camión. Los problemas empiezan cuando los guardias checos no permiten atravesar la frontera y los grupos separados de sementales, yeguas y potros empiezan a juntarse y a inquietarse. De 1200 caballos que intentan salvar, 375 son lipizzanos, también acompañan unos 400 prisioneros que cuidaban de los animales. Los militares estadounidenses perdieron solamente dos hombres: el soldado de primera Raymond E. Manz y el Sargento Owen W. Sutton. Es muy probable que aquella gesta salvara la vida de estas personas y los animales, aunque una semana más tarde se firma la rendición alemana y con ella el fín de la Segunda Guerra Mundial.

Diez años de litigios entre checos y alemanes intentaran aclarar la propiedad de estos animales. Como todos los finales felices, por fín vuelven a la Escuela de Viena, aunque tan sólo consiguieran llegar once ejemplares después de un sin fín de penurias.

 

Carátula de la película que rememora el hecho histórico.

Una gesta tan importante, sobre todo en tiempos de guerra, para salvar a unos animales fue motivo para que la factoría Walt Disney rodara una película en 1963; “Miracle of the White Stallions”. A pesar de un excelente reparto, con Lili Palmer, James Franciscus o Robert Taylor no tuvo mucho éxito de taquilla ni de crítica. Por lo que sé, no llegó a estrenarse en España aunque existen fragmentos en su edición original en inglés en el canal Youtube para los más curiosos.

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By | 2018-09-08T20:55:35+00:00 agosto 25th, 2018|Historias de la Equitación|0 Comments

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