NUNO OLIVEIRA O LA EQUITACIÓN COMO MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA.

 

Uno de los personajes más influyentes en el ámbito de la equitación en el siglo XX ha sido, sin ninguna duda, Nuno Oliveira. Consiguió establecer la diferenciación de los jinetes profesionales, aquéllos que se dedican completamente a la competición y los que consideran esta actividad más que como un deporte, una manifestación artística, el arte de lo sublime, como ya lo calificaron otros maestros de los siglos XVIII Y XIX.

De padres muy religiosos- su progenitor era pastor protestante- y una familia muy unida a la música, de gran sensibilidad cultural, donde podían escucharse frecuentemente obras clásicas, sobre todo óperas. Nace en Lisboa (Portugal) el 23 de junio de 1925 su fenecimiento tiene lugar en la habitación de un hotel en Australia, el 2 de febrero de 1989 a causa de un infarto, con 64 años.

De niño ya empezó a montar y fue alumno de uno de los grandes de la época; Joaquím Gonzales de Miranda, maestro de la familia real portuguesa y por añadidura, primo suyo. Montó muchísimos y variados caballos, transformándose en un maestro destacado con sus 23 años. Esta sabiduría precoz le permitió empezar a trabajar con caballos de particulares en Lisboa, sin disponer de instalaciones propias, aunque enseguida fue contratado para un centro hípico en exclusiva y se vincula al llamado “Coliseo de Lisboa”, una especie de circo donde se manifestaban todo tipo de actuaciones musicales y circenses. En sus números se le podía contemplar ejecutando figuras de alta escuela con sus caballos.

Con 35 años regenta su propio centro ecuestre, con jornadas maratonianas y rutinas cuadriculadas. Se dice que el comienzo tenía lugar a las 5,30 h de la mañana, trabajando los potros. La primera hora de la tarde la dedicaba para los animales más veteranos o problemáticos en el trabajo de salto o en futuros ejemplares para el rejoneo. Por la noche aún le quedaba tiempo para disertar con sus alumnos sobre cuestiones teóricas. Pero siempre había una circunstancia común que le rodeaba y le envolvía, la segunda pasión de Nuno, era habitual escuchar en sus cuadras la música de Beethoven y Verdi. Era un auténtico amante de la cultura, un intelectual, que se movía perfectamente en esos ámbitos de la sabiduría. Sus clientes de esta época eran destacados personajes de la sociedad como influyentes comerciantes, embajadores o miembros de la realeza.

Siempre se le reprochó que, a pesar de su nivel técnico y el de sus alumnos y caballos, se negara a participar en competiciones. Seguro que hubiera llegado lejos, pero siempre tenía un dilema; para él no era lo mismo la competición, donde él calificaba a los jinetes concursantes como “técnicamente robotizados” y la equitación pura y meramente educativa como una de las artes más sublimes.

Su peculiar manera de montar, de físico más bien corpulento en la última época, pelo largo y engominado, con la espalda y la cabeza ligeramente vencida hacia delante, como en aptitud meditativa o de concentración. A imagen y semejanza de los antiguos clásicos. Sus manos y el contacto que llegaba a establecer, se podían calificar de exquisitos. Muchos caballos que le llegaban no eran de una calidad destacable, aunque gracias a su excepcional sensibilidad, era capaz de ponerlos en lo más alto de la doma.

Por sus escuelas pasaron numerosos alumnos, algunos más adelante fueron unos destacadísimos jinetes a nivel internacional. Michel Henriquet o Helene Arianoff fueron ejemplos de ello. Recorrió todo el mundo impartiendo sabiduría y sensibilidad. En España, un muchachito de Jerez llamado Ignacio Rambla, de 12 años, pasó varias temporadas con el mestre Oliveira. Con los años, fue director técnico de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre y medalla de bronce por equipos en doma clásica en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y con un palmarés tan abultado que no terminaríamos de enumerar. Es el jinete que más caballos de raza española ha presentado en alto nivel; un total de nueve.

Nuno Oliveira dejó una gran cantidad de libros, aunque lamentablemente muy pocos han sido traducidos al español. La obra más conocida en nuestro país es “Reflexiones sobre al Arte Ecuestre” (Noticias, 1993), por desgracia, sólo puede encontrarse en alguna librería de viejo. No son obras que profundicen en las cuestiones técnicas, más bien nos adentran en numerosas reflexiones o pensamientos acerca de todo lo relativo al mundo de la doma y enseñanza ecuestre. A menudo, se recurre a sus citas para confirmar conceptos teóricos. Enumeremos algunos ejemplos.

“Muchas veces los jinetes, atribuyen mal carácter a caballos que tienen el hábito de rebelarse, cuando frecuentemente es ocasionado, por el inicio de cierto trabajo, sin la preparación suficiente”.

“Aprecio mucho al jinete, que se molesta en pedir ligereza a su caballo, insistiendo totalmente en la impulsión, sin necesidad de estar tenso o haciendo grandes esfuerzos”.

“Un caballo, nunca tendrá miedo de un jinete, que tenga tacto y sensibilidad, porque nunca le llevará por encima de sus posibilidades”

“He cometido innumerables errores, en la preparación de literalmente, miles de caballos. Felizmente soy consciente de estas faltas, porque de otra manera, nunca hubiera llegado a progresar”.

“Tristemente este Arte es efímero, ya que una vez que el caballo muere, ni siquiera una película, puede reproducir la emoción de ver al caballo en movimiento. La muerte, malogra todo el trabajo del artista. Las partituras musicales por el contrario o las pinturas se mantienen vivas y dan inmortalidad a sus creadores”.

Por desgracia, la apariencia no muestra la realidad. Económicamente, nunca llegó a vivir con lujos. Para cubrir la repatriación de su cadáver, por falta de liquidez, hubo que vender alguno de los caballos de su cuadra.

Principe Harpalo, Ousado, Farsista, Corsario, Invincivel, fueron algunos de los lusitanos que entrenó y llevó muy lejos, aunque en la última época se especializó en caballos de razas rusas.

 

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By | 2018-04-01T19:21:38+00:00 abril 1st, 2018|Pequeñas biografías, grandes personajes|0 Comments

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