LAS EMBOCADURAS: EL PELHAM Y EL BOCADO.

El pelham, denominación de origen inglesa, no es más que un bocado, pero con una anilla extra en la parte superior y más próxima a la embocadura. Permite colocar una rienda a dicha anilla y llevar además otra sujeta al final de las piernas o palancas. De esta forma dirigimos a doble rienda, pero más suave que con un bocado y más eficaz que con filete, estableciendo un contacto bastante uniforme. Por ello, podríamos calificarlo de encontrarse a medio camino o de transición entre uno y otro. Al considerarlo una herramienta intermedia, puede ser ideal para jinetes no muy expertos que salen al campo con cierta frecuencia, pero que no tienen el suficiente control de manos ni de equilibrio. Pensemos, por tanto, en una equitación de ocio o lúdica.

Otra de las ventajas del Pelham, es que son muy frecuentes los modelos partidos y de cañones gruesos, que permiten adaptarse bastante bien a la boca. En Pelham y Bocados establecemos mayor número de variables para averiguar la embocadura más o menos restrictiva. Aparte del grosor, como ya indicamos en el caso del filete, la longitud de palanca o patas y el hecho de que ajustemos una cadenilla por detrás de la boca, por la parte anatómica denominada barbada, hace que se establezca una presión en torno a la mandíbula inferior. La barbada es una parte muy sensible del caballo, recubierta por piel y cartílago únicamente. La cadenilla no debe estar excesivamente ajustada y los eslabones alineados de manera correcta, para evitar daños innecesarios. Pero tampoco debe ir muy suelta, pues la embocadura se movería en exceso y rotaría excesivamente en la boca. No olvidemos que el bocado aporta un contacto indirecto y una orden que llega con cierto retraso debido a la longitud de las camas.

En la imagen, podemos observar un bocado clásico dividido en sus diferentes partes, que vamos a intentar comprender.

1- Piernas, que coloquialmente las llamamos palanca.

2- Portamozos. La unión de piernas y portamozos nos da la longitud total y las denominamos Camas.

3- Cañones, la parte que se apoya en la zona libre de piezas dentales, llamada asiento o barras.

4- Desveno. Si es suave, como el de la imagen, deja mover la lengua con libertad, quizá sea el más conveniente. Si es liso, la lengua queda aplastada y si, por el contrario, ganamos en altura al desveno, liberamos la lengua pero implicamos al llamado cielo del paladar y aumentamos presión en las barras.

5- Alacrán, los ganchos donde colgamos la cadenilla. Bien orientados para que no molesten, el derecho cerrado con el último eslabón de la cadenilla fijo y el izquierdo abierto, que permita colocar o soltar la cadenilla con facilidad.

6- Cadenilla barbada, pasa por detrás de la boca, ajustando en sendos huesos de la mandíbula inferior que denominamos barbada. Permite que el punto de apoyo del bocado se sitúe en la parte superior del portamozos (el número 2). Debe ir ajustada de tal manera que facilite al bocado cierta rotación y que por la cadenilla nos quepa un dedo. Si ésta va muy floja, el bocado aumenta su recorrido y lo consideramos como una forma viciosa, diciendo que va “pasado”. Si por el contrario, va muy apretado, la tensión es contínua, pudiendo despapar (cabecear o picotear) e incluso adoptar el caballo posiciones defensivas, como la temida actitud “detrás de la mano” en la que se niega a avanzar e incluso caerse literalmente de espaldas.

Si observamos que la cadenilla lastima al caballo, produciendo desaparición del pelo, irritación o incluso herida, podemos forrarla con piezas de caucho o cuero fabricadas al efecto, además, vigilemos nuestras manos.

Contundente bocado empleado en los torneos de la Edad Media, obsérvese la proporción con la moneda de euro apoyada al lado. Imagen tomada en el Museo Cívico Medieval de Bolonia (Italia).

Las camas -la longitud total del bocado- nos va a proporcionar una palanca considerada de segundo género en física. Estableciendo una proporción de palanca según la longitud individual de piernas (el 1) y portamozos (el 2), podemos crear combinaciones. La mayor longitud de portamozos aporta más severidad a la embocadura. Por lo que, en mi opinión, debe ser lo más corta posible. La longitud de las piernas, evidentemente, establece una palanca directa, que también debe ser lo más corta posible.

Es importante adaptar la embocadura al temperamento de nuestro caballo. Los más tímidos, necesitan embocaduras más suaves. Esto es, poca longitud de piernas y desveno muy suave que le permita un amplio contacto de la lengua, le otorgará más voluntad en el trabajo.

No olvidemos la técnica conjunta de filete y bocado, empleada en las competiciones de nivel medio y alto de doma clásica. Las manos deben estar especialmente estables, dividiendo las dos riendas de cada lado entre los dedos de su respectiva mano, aumentando el nivel de comunicación con asiento y piernas. Se emplea un filete fino que nos aporta un contacto directo y un bocado de camas cortas que establece la rectitud y elevación de nuca.

LOS BOCADOS VAQUEROS.

Mención especial merecen los bocados vaqueros. Herencia directa de aquellos jinetes árabes que dejaron la impronta de la monta a la jineta y que desembocó en nuestra doma vaquera. Ideado para montas explosivas y giros rápidos. Hoy día, herramienta fundamental para el trabajo en el campo con las reses bravas, donde la rapidez ante una eventual embestida es prioritaria. No se deben usar de manera indiscriminada, sino más bien por caballos y caballistas con un mínimo de experiencia y equilibrio. Nuestro bocado tiene la particularidad de que se fabrica en hierro dulce, los mejores son hechos a mano. Suelen pesar un poco más que los habituales cromados. A la vista proporcionan un mala imagen al oxidarse, para eso se pavonan. Su mayor peso frente a los tradicionales cromados, unido al peculiar sabor que desprende el material ferruginoso les encanta a los caballos, por lo que suelen ser bastante bien aceptados.

Atendiendo a la forma del desveno, deberíamos dividirlos en cuatro grupos.

Imagen extraída del libro “Doma vaquera” (1992), por D. Luis Ramos-Paúl. Fotografía original de D. Rafael Lemos Santos.

-Asa de caldera- Corresponde al número 2, suelen ser los más habituales y permiten cierta libertad a la lengua, aunque implican al paladar.

-Boca de sapo- El desveno del número 4 es un poco más pronunciado, por lo tanto algo más severo.

-Cuello de pichón- Imagen 5. Actúa más en el paladar y por tanto debe ser usado por jinetes expertos, con buen equilibrio y manos sensibles.

-Barra fija hacia arriba y hacia abajo- Como el del número3. Preferible la barra curvada hacia arriba. Me parece el más suave de todos. Da libertad a la lengua sin implicar al paladar. La barra hacia abajo va a aplastar la lengua, forzando eventualmente a que la pase por encima, buscando de esta manera algo de alivio.

By Vicente Castillo| enero 21st, 2019|Apuntes al entrenamiento|

By | 2019-04-11T10:38:11+01:00 abril 11th, 2019|Apuntes al entrenamiento|0 Comments

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