LA VISIÓN DEL CABALLO.

 

Todos los animales, incluído el hombre, vamos recopilando innumerable información del entorno con nuestros sentidos y uno de los más empleados es la vista. Está claro, por lo tanto, que todos hacemos uso de ella, pero no de la misma manera. Nuestros hábitos de vida, la luz del entorno o la actividad diurna o nocturna implica que cada especie o grupo zoológico tenga una interpretación del exterior diferente, debido a las peculiaridades de la vista.

Los caballos son herbívoros y por tanto presa de los carnívoros. La evolución les ha dotado de unos ojos laterales, a diferencia de los perros, gatos o humanos que en nuestra condición de depredadores, los tenemos situados en el frente.

Esta es la principal característica que hemos de tener en cuenta, para intentar explicar los inesperados sustos y sobresaltos que sufrimos todos aquellos que montamos. Los ojos situados lateralmente tienen sus ventajas, pero también sus limitaciones. La vista de herbívoro no percibe las distancias de cerca, al usar un solo ojo la visión monocular no puede precisar con exactitud la distancia al objeto en cuestión, lo que le origina desconfianza o recelo. Cuando los montamos, nos posicionamos en el punto ciego, de ahí lo importante de no sobresaltar a los potros en las primeras sesiones, de no rozarles con nuestra pierna en los riñones o agitar las manos. Además, no olvidemos, que las presas atacan desde atrás y por arriba, razones de más para que los potros, por sus inesperadas reacciones, deban ser montados con extrema caución.

Cuando un caballo se encuentra pastando a escasos centímetros de la hierba, su visión es monocular. Esto no les permite calcular con precisión las distancias, cosa nada necesaria cuando se está pegado al suelo. Al escuchar un ruido, elevan el cuello, y miran de frente para conectar los dos ojos (visión binocular), lo que permite calcular distancias y enfocar con nitidez. Justo delante de su cabeza, tienen un ángulo de visión muerto. Este es el motivo por el que no debemos actuar de frente ni agitar nada en su misma cara, algo tan cotidiano entre nosotros, los humanos, porque nuestro sistema de visión frontal identifica así mejor el objeto.

Aunque la percepción visual en la oscuridad es mejor que en los humanos, tienen dificultades y les cuesta adaptarse de una zona luminosa a otra oscura, por ello, a veces se niegan a entrar a un remolque o a una cuadra desconocida. Concedámosle un tiempo razonable para que la adaptación lumínica se lleve a cabo. Gracias al tapetum, una especie de lente situada por detrás de la retina, tiene la capacidad de aumentar la luz que entra al órgano visual. No perciben muy bien la profundidad, por eso se alejan de muchos objetos situados lateralmente.

Los caballos son capaces de ver los colores, aunque no como nosotros. Los humanos disponemos de tres tipos de sensores del color (visión tricrómica), frente a los caballos que disponen de dos (visión dicromática). El azul, verde y amarillo los distinguen perfectamente, pero el violeta y el rojo los detectan con dificultad.

Mención aparte merecen los caballos árabes, tan peculiares en tantas cosas. Al parecer, los objetos vistos desde una esquina del ojo son poco identificables, mientras que cuando pasan por el centro de su órgano visual, quedan nítidamente detectados. Quizá este detalle pueda ser la justificación de las tan incómodas y explosivas espantadas de esta bella raza.

Muchos sustos, se deben a que su visión tiene una interpretación diferente a la nuestra.

Muchos sustos, se deben a que su visión tiene una interpretación diferente a la nuestra.

 

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By | 2018-05-20T19:50:28+00:00 mayo 20th, 2018|¿Sabías qué?|0 Comments

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