LA SACA DE SAN JUAN DE SORIA

 

No nos descuidemos, los toros no bromean.

 

 

 


“Soria pura, cabeza de Extremadura”, origen de la trashumancia y la mesta. Ciudad tranquila, románica y gótica. Entorno natural privilegiado, Reserva de la Biosfera, con sus bosques infinitos, repletos de naturaleza en forma de ciervos, corzos, lobos o rabilargos. Esta es la Soria que tanto asombró a Antonio Machado o que describió en papel perfectamente el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer y en acuarela su hermano Valeriano Bécquer.
Pero hoy nos vamos a centrar en un acontecimiento que sucede puntualmente el primer jueves siguiente a San Juan, el 23 de junio. Para entonces son las fiestas de la localidad, el día grande lo constituye el Jueves La Saca, una fiesta que se sabe que se originó en el siglo XVI. El motivo, como la mayoría de los encierros, reside en la necesidad de transportar el ganado bravo hasta la plaza donde eran toreados y alanceados. En el incomparable y espectacular entorno natural que supone el paraje de Valonsadero, donde se intercalan las praderas, bosques y la presencia de ganado bravo. En las rocas emergentes existen hasta 34 abrigos y 530 figuras de un importante conjunto de arte rupestre de la Edad de Bronce, declarado Bien de Interés Cultural en 1985. Durante esta mañana es un punto casi imposible de acceder debido a la congestión de vehículos a motor, caballos y gente que acude a pie.

A las 12 en punto del mediodía, tres cohetes anuncian la salida de una docena de novillos desde los corrales de la Cañada Honda. Carreras, caídas, gritos y volteretas se suceden en una suerte de paranoia colectiva; hay que vivirlo. Multitud de jinetes y miles de personas corriendo o encaramados en los riscos, árboles o vehículos, hacen acto de presencia para no perderse una tradición que sienten muy suya, algunos con una exposición excesiva que roza la imprudencia. Por unas verdes praderas intercaladas

con pequeños canales, se van conduciendo hasta la primera parada donde descansaran y beberán: la Vega de San Millán, que hace años era el verdadero inicio de La Saca. Este tramo puede durar entre una y dos horas, en función de lo colaboradores que sean los astados para dejarse llevar. Se trata de un recorrido bastante rápido, puesto que los novillos están descansados y se recorre en bajada.

 

Un poco de reposo y en torno a las 14,30 horas son llevados hasta la siguiente parada: el descansadero de Pinarcillo. Ahora atravesamos una zona de pinares, donde a menudo alguno de los novillos se esconde en la maleza y hace falta una gran pericia para disuadirlo y reconducirlo.

Una imagen de Valonsadero.

 

En unos 30 minutos se llega al siguiente descansadero, localizado en la Venta del Aire, donde vuelven a reposar sobre una hora, o algo menos, y ya deben afrontar el siguiente tramo. Se trata del más largo, que nos conduce hasta los corrales de la plaza de toros. Esta quizá sea la parte más dura, difícil y peligrosa. Los pinares dan paso a praderas donde los novillos empiezan a separarse y los lugares donde ocultarse son escasos. Estas praderas desembocan en un tramo asfaltado para entrar en el corazón de Soria. Los más experimentados, afrontan esta tramo con herrajes especiales y caballos muy en forma, puesto que aquí se va encajado en vallas y es muy difícil la retirada.
Empiezan a sucederse las naves industriales, algún centro comercial y ya vamos entrando por las calles. Muchos caballos y jinetes han quedado atrás como consecuencia de la fatiga.

Según la velocidad e incidencias, se concluye en torno a las 17 horas en el Coso de San Benito. En ocasiones no entran todos y alguno se queda oculto en el bosque, debiendo ser localizado ante el peligro de una embestida a posteriores paseantes. Otro cohete anuncia la llegada y fin de la Saca y los jinetes van retirándose poco a poco con evidentes muestras de cansancio. Ahora la fiesta de San Juan continúa con las tradicionales vaquillas, entre bailes y alcohol, hasta que el cuerpo aguante.

By | 2017-10-15T18:23:35+00:00 octubre 12th, 2017|A caballo por el mundo|0 Comments

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