LA ESCALA DE ENTRENAMIENTO: LA RECTITUD.

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De pequeños siempre hemos oído por parte de nuestras madres “¡ponte recto!”, lo cierto es que por naturaleza la rectitud es difícil. El esqueleto tiende a ser simétrico, pero la musculatura no. Muy pocos caballos que no practiquen regularmente la doma presentan una alineación adecuada. O por lo menos tal y como nosotros la concebimos.

Ser diestro o zurdo simplemente reafirma que tenemos un lado más fuerte o elástico que el antagonista. Siempre llevamos la bolsa de la compra en el mismo brazo, escribimos con la misma mano o nos encontramos mejor marchando en una dirección que en su contraria. Esto nos da una idea de las asimetrías que los humanos podemos adquirir por posturas viciosas, o simplemente por comodidad.

Extrapolando esto al caballo, veremos que tienden a ponerse cóncavos hacia un lado, casi siempre a la derecha, esto es lo que denominamos ser diestro. Generalmente, aceptará mejor la rienda interior derecha y fallará en los ejercicios a la izquierda. Cuando se asustan, intentaran escapar por la izquierda, ya que el pie derecho es más fuerte y se impulsa mejor para huir. Valoremos la posibilidad de que quizá el hecho de ponerse rectos no sea una cuestión de querer, sino de poder. Que sean capaces físicamente por el adecuado desarrollo muscular.

Los trabajos en tres pistas (espalda adentro) ayudan a enderezar a los caballos.

Podemos visualizar la rectitud como un juego de tres bloques o cubos que debemos mantener alineados. Estos bloques, representan el cuello, las espaldas y las caderas. Si somos capaces de posicionar correctamente dichos bloques, ya tenemos nuestra montura enderezada y corregida. Cualquiera de estas tres partes que no se encuentre en el punto exacto, no hará sino torcer la marcha y perder impulsión. Por este motivo, los caballos torcidos son más duros y complicados de montar, para nada permeables a la energía y con una posición mental poco colaborativa para el trabajo. Se desplazan en desequilibrio, lo que ocasiona alteraciones del ritmo, dolorosos alcanzones de las extremidades y el frecuente arrancado de las herraduras.

Cuando hablamos de entrenar un caballo, debemos establecer un fin o propósito claro. Pero el verdadero objetivo siempre va a ser que el caballo nos ofrezca una monta placentera y expresiva. Que resulte fácil, obediente, receptivo. Resumiendo: conseguir una estructura anatómica recta o simétrica. Un caballo enderezado debe trabajar de la misma manera a ambos lados.

La rectitud debe iniciarse en el jinete y está estrechamente unida al equilibrio. Sólo conseguimos montar rectos si lo hacemos en equilibrio. Con el reparto del peso adecuado a ambos lados, pisando con igual presión ambos estribos y los isquiones apoyados de la misma manera a cada lado de la montura. Las riendas deben ser tomadas simétricamente, transmitiendo un contacto estable en la boca. De este modo, alineamos cuello y espaldas o tercio anterior. Las piernas se van a encargar de enderezar las caderas y tercio posterior en general. Para ello resulta esencial asegurarnos de que el pie interior pisa bajo la masa o bajo su peso. Ejercicios como la espalda adelante (sobre todo), espalda adentro, las cesiones a la pierna o el galope trocado, son indispensables para conseguir este propósito. Nuestro caballo debe aprender a mover de manera independiente y coordinada a la vez el tercio anterior y el tercio posterior.

Y si exigimos tanto al caballo, seamos estrictos con nosotros mismos. Debemos partir de un mínimo de control de nuestro cuerpo y de nuestra consciencia psicomotriz o reflexiva. Ser conocedores de nuestro peso, equilibrio, movimientos. ¿Cómo hallamos nuestro centro?, ¿cómo nos centramos? Debemos aprender a pensar en ello, a tener una imagen mental de este propósito. Desde dentro se genera la propiocepción. Hay que aprender el uso de uno mismo. Yo entreno este concepto con mis alumnos practicando el tranqueo con los ojos cerrados, entre otros ejercicios. Nada mejor que prepararlo con algún experto, como un entrenador personal que nos permita una adecuada puesta en forma. Un buen desarrollo de la musculatura del core (abdominales y lumbares), donde se halla el centro de gravedad y desde donde parte la rectitud postural, incrementando el llamado “efecto bisagra” de nuestra cadera.

El reparto uniforme del peso en las cuatro extremidades genera equilibrio, las ayudas correctas rectitud.

¿Cómo aprender el uso de uno mismo?

Principalmente desde tres aspectos o aprendizajes,

-Auditivo- Recibiendo la información del entorno. En el oído encontramos el órgano del equilibrio.

-Visual- Ser consciente del entorno, usar la visión periférica y mirada hacia adelante.

-Cinestésico- relativo a la percepción del equilibrio y la posición de las partes del cuerpo.

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By | 2019-05-19T14:13:29+01:00 mayo 19th, 2019|La escala de entrenamiento|0 Comments

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