¿EXISTIERON LOS UNICORNIOS?

Ante esta pregunta, podríamos contestar que si y que no. Existen numerosos datos acerca de la existencia del unicornio, aunque muchos son falsos y el resto no son ciertos. Corresponde a la extensa lista de animales fantásticos incluídos en el denominado bestiario, una especie de guía de campo muy popular a lo largo del Medievo. Se lleva a cabo, lo que podríamos calificar hoy como literatura de viajes. En ella se describe todas las vicisitudes del periplo del autor, una especie de enciclopedia moralizada de los animales. Lo curioso es que hoy se sabe que muchos no llegaron a visitar los lugares referidos y las observaciones de animales que describían resultaban ser totalmente fantásticas. Uno de los ejemplos más claros es la amplia obra Historia Natural de Plinio, donde se mezclan las criaturas más cotidianas con las más extravagantes.

El unicornio era de los pocos animales que podríamos señalar como benigno, frente a criaturas feroces y crueles como los dragones, grifos, sirenas o esciápodos. La principal característica del unicornio se afirma que era la carrera, tan veloz que ni el más rápido de los cazadores pudo atraparlo jamás. Sólo podía ser capturado por una mujer virgen. Capaz de luchar contra los mismísimos elefantes y derrotarlos atravesándoles la barriga con su único cuerno. Dicha asta era muy cotizada, puesto que se le atribuían numerosas propiedades mágicas, recetadas por los medicastros del momento, entre ellas la de purificar el agua envenenada. Echando al líquido unas limaduras del cuerno, empezaba a bullir de inmediato. Las copas elaboradas del asta vaciada neutralizaban cualquier tipo de ponzoña. Los médicos recetaban el polvo para combatir la impotencia y la esterilidad. Llegó a ser la representación principal de la cartelería de los farmacéuticos y el recurso común frente al desconocimiento de los principios activos de la actualidad. El cuerno de unicornio se pagaba literalmente su peso en oro. A toda esta leyenda, se le sumó una especie de moda localizada geográficamente y excepcional de la caza de este animal. Esta disciplina cinegética se impregna de un aroma místico, estético y caballeresco. No hay pruebas físicas y reales de capturas, pero si puede contemplarse en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York una colección de siete tapices de cuatro metros de altura y anchura de diferentes “escenas cotidianas” del unicornio.

Si este animal fantástico es considerado el bueno de la película, tenía un pariente feroz; el monoceros. Cuerpo de caballo, pezuñas de elefante y rabo de ciervo. Se afirma que emitía un horrible aullido, capaz de aterrorizar a cualquiera y “capaz de destruir barcos y muchas personas”.

Aunque hoy la ciencia no tiene constancia de la existencia real del unicornio, si se sabe que los cuernos atribuidos erróneamente a él correspondían a rinocerontes asiáticos y sobre todo a narvales. El narval (Monodon monoceros) es un mamífero cetáceo similar al delfín. Su principal característica es que los machos poseen un colmillo que se alarga en forma helicoidal de hasta dos metros y un peso aproximado de unos diez kilogramos. Recientemente se ha descubierto que esta protuberancia tiene una función de sensor hidrodinámico, capaz de detectar los diferentes valores del agua, como temperatura, presión o salinidad.

El pueblo inuit, por tradición, ha sido cazador de narvales, intercambiando la protuberancia dental como mercancia con los vikingos. Estos, a su vez, los introdujeron en Europa, contribuyendo a la leyenda del unicornio. En el Museo cívico arqueológico de Bolonia (Italia), absolutamente recomendable su visita, puede observarse un colmillo de narval atribuído al fantástico unicornio.

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By | 2019-01-04T13:56:25+00:00 enero 1st, 2019|El Caballo y el Arte|0 Comments

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