ESTATUA ECUESTRE COSME I DE MÉDICI.

Todo aquel que haya tenido el privilegio de visitar una de las ciudades más bellas de mundo, desde el punto de vista artístico, habrá observado esta magnífica estatua. Nos referimos a la ciudad de Florencia, en Italia, y en concreto a la Plaza de la Señoría, a escasos metros de la Galería de los Ufficci ( de los oficios), de la réplica del pétreo David del escultor Miguel Angel, del museo al aire libre que representa la Lonja y de la maravillosa fuente de Neptuno y del Palacio Viejo. Con tantas manifestaciones artísticas, no es de extrañar que se describiera aquí por vez primera el mal psicosomático provocado por un exceso de belleza: el síndrome de Stendhal, el mal de los viajeros románticos.

En efecto, en el centro de la plaza y desde 1594, se yergue, orgulloso, imponente, demostrando quién mandaba en la época, Cosme I de Médici. Es obra del escultor más importante de Florencia por aquél entonces: Juan de Bolonia, llamado de manera familiar Giambologna y que más tarde comenzaría la estatua de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid.

La observación detenida de esta magnífica obra de arte, nos puede ayudar a interpretar cómo era la equitación en la época, siendo éste un claro ejemplo de corrección académica. Severas espuelas de ruleta, de gallo corto, perfectamente colocadas con la hebilla al exterior. Contrastan con la embocadura de guerra, de largas piernas, que proporcionan un absoluto control del noble bruto en el manejo bélico. La boca abierta deja entrever cierta tensión retentiva. Posición adecuada de la pierna y talón más bajo que la punta del pie. Espalda derecha y hombros atrás, sin duda, el ideal de la postura a caballo, que como vemos, poco ha cambiado. En la mano derecha, ostenta el bastón de mando, para que no haya dudas. Capa recogida mostrando su larga espada, otra muestra de autoridad.

El caballo aparece como un auténtico atleta, casi se diría que intimida,  ancho, fuerte, poderoso,  perfectamente musculado, mostrando las venas congestionadas. Es una muestra del virtuosismo al representar la anatomía equina. Podemos distinguir las herraduras, con ramplones para evitar deslizamientos en los pavimentos de la época.  Curiosa la forma de la cabeza, pequeña y muy angulada, con crines rizadas y revueltas. Se trata de una licencia del artista, anacrónica, que se inspira en los modelos de caballos etruscos, el ideal en la época de la belleza equina, no olvidemos que Cosme I era un gran coleccionista y admirador de dicha civilización,  otorgando a la escultura un grado casi de deificación.

By | 2017-10-22T18:18:09+00:00 octubre 5th, 2017|El Caballo y el Arte, Historias de la Equitación|0 Comments

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