EL RÉCORD AÚN NO BATIDO DE HUASO Y ALBERTO LARRAGUIBEL.

 

Aún parece que lo estoy viendo, que fue ayer, cuando Alberto Larraguibel y su caballo Huaso lograron literalmente volar y anotar un nuevo récord del mundo de salto de altura. Perdonen si no me he presentado, aunque mi nombre no viene al caso, pero sí les voy a decir que soy periodista chileno retirado y un testigo de excepción ante esta increíble gesta ecuestre que paso a referirles a continuación.

En el año 1933, nace en Chile un potrillo, bautizado como Faithful, hijo de una cuidada línea de purasangres de hipódromo. Su altura de adulto alcanzará 168 cm a la cruz. Un caballo de esta alzada, suele tener un crecimiento largo y dfícil. Esto provocó que fuera el único animal de su edad que no consiguiera unos tiempos aceptables corriendo en el hipódromo. Además, se le veía bastante decoordinado. Como no muestra cualidades descatables para la velocidad, se vende a un club de polo. No resulta irle mucho mejor; le tiene pavor a las mazas de golpear y además no puede con el estrés del entrenamiento, bastante exigente en esta disciplina.

Alberto Larraguibel y Huaso, en el momento del récord.

Tras esta decepción, se vende al Ejército de Chile. Se opta por introducirlo en la disciplina de la doma, seguramente mejor para su carácter, por la tranquilidad y serenidad que transmite. El capitán Gaspar Lueje está a punto de debutarlo, pero la desgracia hace que se clave un hierro en la nalga y haya que pensar incluso en sacrificarlo.

Todo queda en un susto y se reinicia más tarde el trabajo, pero ahora corre a cargo del capitán Alberto Larraguibel Morales. El primer cambio en Faithful es su nombre, no le gusta nada al capitán y prefiere llamarle “Huaso”. Alberto se quejaba de Huaso, no destacaba en circuítos y no ponía interés. Por ello, comenzó a usarlo en salto alto, lo que ustedes llaman ahora salto de potencia. En 1948, ya bate el récord sudamericano con 237 cm de altura, algo nada despreciable.

Pero su año de éxito será 1949, aún recuerdo con orgullo la hazaña como si fuera ahora. Tuvo lugar en el Jardín de los Saltos, ubicado en el Regimiento de Caballería número 4 Coraceros de Viña del Mar. El 5 de febrero, a las 6 de la tarde y con buen tiempo, se inicia el concurso. El público se agolpa, mezclándose en una sola masa curiosos anónimos y testigos de excepción. El Presidente de la República, D. Gabriel González Videla, seis jueces internacionales que confirmarán la hazaña y los marineros del buque escuela francés Juana de Arco dan un ambiento un tanto solemne, realzando el acontecimiento.

En este Concurso Hípico Internacional ya se encuentran preparados los equipos de Bolivia, Chile y Colombia. Se comienza por algo “no muy alto”, 180 cm es el primer salto y posteriormente 214 cm. Huaso se desequilibra y Alberto se tira al suelo sin consecuencias personales. Repite y lo supera sin problemas. Ya sólo quedan dos jinetes en el desafío, mano a mano, el capitán Alberto Larraguibel con Huaso y el teniente Luis Riquelme con Chileno. Ahora deben enfrentarse a una altura jamás saltada por nadie, nada menos que 247 cm y el que lo logre se proclama campeón del mundo. Se da la circunstancia, que justo un año antes, el 25 de enero de 1948, ya se encontraron como finalistas para el récord nacional. Riquelme montando a Gaucho, superó los 233 cm, mientras que Larraguibel con Huaso cayó al suelo y quedó con heridas de cierto consideración en 230 cm. Ahora, sabiendo todos que se vuelve a retomar el duelo, el silencio es casi sepulcral, todo el público es consciente de que pueden ser testigos de un logro deportivo que se escriba en la historia de la hípica. Riquelme lo intenta por tres veces consecutivas, cayendo al suelo en su última oportunidad. Larraguibel lo consigue en la tercera ocasión, haciéndose de esta manera con el récord mundial. Único récord deportivo no batido aún, después de tantos años. Nada más aterrizar, la banda toca el himno nacional y puede verse gente llorando y gritando conscientes de ser testigos de una proeza histórica. Hay quien se acerca a Huaso a arrancarle mechones de crines, como si de un ser sobrenatural o santificado se tratara. Alberto y Huaso se transforman en leyendas vivas, teniendo que afrontar numerosos homenajes y reconocimientos a lo largo de todo Chile. Cualquiera que visite la ciudad de Viña del Mar, puede contemplar en una de sus principales vías, la grandiosa estatua de bronce de más de 2 metros y casi cuatro toneladas. Pero mejor dejemos que relate el propio protagonista cómo sintió la victoria en una entrevista que tuvo la bondad de concederme:

“En el primer intento, calculé mal la distancia y le permití rehusar […] En el segundo, debo haberme equivocado en un centímetro porque “Huaso” pasó las manos, pero rozó con el vientre y las patas posteriores y tiró el palo. Quedaba el tercer y último intento. Volví a calcular las batidas y en el instante preciso nos elevamos… El momento más difícil fue la cúspide del salto. Mis ojos estaban a cuatro metros de altura y tenía la sensación de caer en picado. La más leve vacilación en mí, Huaso la habría sentido, habría dejado sus patas atrás y hubiéramos rodado juntos, pero pasamos. Fue un momento eterno. No escuché un solo grito y pensé que algo había salido mal, aunque no sentí caer los palos”.

En 1979, tuve una nueva ocasión de hablar con él. A la pregunta de si consideraba posible que este récord se pudiera batir, contestó con una metáfora que hoy en día sigue empleándose entre los aficionados al salto:
“No. Yo estoy convencido de que es posible. Sólo es necesario que se dé, como se me dió a mí, esa armonía perfecta de caballo y jinete, de equilibrio y velocidad, y que haya otro hombre dispuesto a lanzar su corazón por encima del obstáculo e irlo a buscar, sin vacilaciones, al otro lado”.
Huaso, por méritos, es retirado en una extensa finca de la Escuela de Caballería de Quillota. El 24 de agosto de 1961, fallece a los 28 años, una edad longeva para un caballo. Es enterrado con todos los honores en el mismo lugar, transformándose en una leyenda de la equitación.

El 12 de abril de 1995, un cáncer de pulmón, se lleva a Alberto con 75 años de edad. Hijo predilecto de su ciudad natal, comandante de caballería, diez medallas de oro en diferentes pruebas deportivas por medio mundo, organizador de eventos ecuestres y auténtico héroe de una gesta aún no superada.

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By | 2018-01-02T22:50:03+00:00 enero 2nd, 2018|Pequeñas biografías, grandes personajes|0 Comments

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