EL ORIGEN DEL TÉRMINO JINETE Y LA MONTA ESPAÑOLA.

“¡Juro por los corceles que galopan resoplando y hacen saltar chispas de fuego del suelo, bajo los golpes de sus cascos!¡Por los que atacan a sus enemigos al alba, por los que levantan una polvareda bajo sus pasos y se adentran en las columnas enemigas! Que es cierto que el hombre es ingrato con su Señor, siendo Él testigo de ello. Y es tenaz en su amor por los bienes…”
Sura 100, Los que galopan.
El Noble Corán.

Todos conocemos el significado actual de la palabra jinete; aquella persona que monta a caballo. Pero tiene un origen histórico bastante curioso, que vamos a intentar descubrir. Para ello, debemos retroceder hasta el siglo XIV y a la gran zona de dominio árabe llamada al Andalus.

Los musulmanes derrotaron y conquistaron el reino visigodo de Toledo, ocupando pacíficamente las tierras de la Peninsula. Se asentaban en lugares poco o nada habitados. Al-Andalus fue el nombre que dieron los musulmanes a las tierras de gobierno islámico, posesiones que llegaron incluso hasta el sur de Francia. Las tribus que arrivaron hasta aquí atravesando el Estrecho de Gibraltar fueron numerosas y de diferentes procedencias, árabes del norte y del sur, eslavos, norteafricanos, conformaron un crisol de culturas y pensamientos diferentes.

Sucesivos reyes de Granada, correspondientes a la dinastía nazarí, traen diferentes grupos de guerreros bereberes (o guerreros barbudos). Hay constancia escrita de que Mohammed I, iniciador de la dinastía nazarí, reclama para su servicio a una de las tribus que mejor maneja los caballos en ése momento, los Benimerines. Se trataba de un numeroso grupo nómada de bereberes musulmanes, procedente de las montañas de Marruecos y sur de Argelia. Llegan a tener otros nombres sinónimos como Zanate, zenete o cenete. La palabra, por evolución, pasa al castellano antiguo como ginete. Son hábiles, eficaces y rápidos a caballo. Así lo sentencia el inca Garcilaso en la conquista del Perú; “Mi tierra se ganó a la gineta”.

Fantasía árabe en Oujdar, Marruecos. Monta a la jineta, con la montura tradicional y la espingarda como arma de fuego.

Pero, ¿que particularidades tenían estos nuevos guerreros que cambiaron el concepto de las batallas?. Probablemente tres son las circunstancias que los hacen tan peculiares.
La manera tradicional de montar hasta entonces era a la brida; estribos bajos, con las piernas extendidas, armaduras y armas pesadas. Los zenetes aparecen montando con un nuevo estilo- a la africana o jineta- estribos más altos, piernas flexionadas. Sillas más pequeñas con un pomo, arzón delantero y trasero que permitía galopar de pie sobre los estribos sin perder sujeción. Estribos, los “moriscos”, más pequeños y antecesores de los actuales vaqueros. Se emplea el freno con puente alto y barbada de arco de hierro, que permite una pronta respuesta, que con el tiempo, evoluciona al bocado vaquero. El manejo del animal parte más del contrapeso del cuerpo. Aunque muchos estudiosos sitúan el origen de la monta a la jineta en Grecia, son los benimerines los introductores de la técnica.
Se manejan caballos de tamaño mediano a grande, españoles cruzados con caballos de guerra europeos (especialmente el caballo napolitano). Los zenetes guerrean con caballos pequeños y rápidos, practicando la táctica de la escaramuza: ataques rápidos donde se inflige daño y confusión y se huye sin esperar la reacción del enemigo. Los zenetes consideraban innoble montar las yeguas y castrar los caballos, costumbre aún mantenida entre musulmanes… y españoles por herencia. El caballo, según el Corán, es el bien, el vínculo con Alá y elemento esencial para la guerra santa (“yihád”). El botín de guerra se reparte en un tercio para el jinete y dos tercios para el corcel.
A una monta ligera y un equipo también ligero, le debe acompañar un armamento liviano. Recordemos que ahora la velocidad es lo primero. Las espadas de tipo “jineta o granadinas” son más pequeñas, de hoja ancha y doble filo, empuñadura corta y pomo esférico. Seguro que las recordamos, la famosa Tizona de el Cid o las que pintó en sus maravillosos y alargados cuadros el Greco, de hecho, él fue poseédor de una. Las más reconocidas y mejor templadas, aquellas fabricadas en Granada, Toledo y Zaragoza, la capital del Ebro tuvo la industria espadera más valorada y floreciente, pero también la más efímera.

Si analizamos todas estas características, novedosas en aquella época, podemos aventurar claramente cuál es el origen de nuestra doma vaquera. Doma, por otra parte, llena de vocablos de ascendencia árabe. Albarda, albardón, guindaleta, jáquima, jaez.

Muy pronto los españoles adoptan y perfeccionan este método de monta, siendo los arcabuceros quienes primero comenzaron a aplicarlo.

El 1 de julio de 1431, en el término municipal de Atarfe (Granada), tuvo lugar una de las primeras batallas que buscaban la conquista del último reducto moro de la península: Granada. Fue tal el desastre que se produjo, que se afirma que tan solo quedó en pie una pequeña higuera. Históricamente, este detalle le dió el nombre de batalla de la Higueruela. Felipe II mandó representar esta batalla en un magnífico y extenso fresco que puede observarse en el Salón de las batallas del Monasterio de El Escorial. En este detalle puede observarse como los soldados van montados a la jineta, piernas cortas, arzones de la silla altos y estribos moriscos.

Batalla de la Higueruela, Salón de las Batallas, Real Monasterio de El Escorial.

Para terminar, transcribimos el bello relato que hace el califa Alib Abi Talib, que afirma haber oído de boca del profeta Mahoma:
“Cuando Dios quiso crear al caballo, dijo al viento del sur: De tí produciré una criatura que será la honra de mis allegados, la humillación de mis enemigos y la defensa de los que me atacan.
-Sea- respondió el viento. Cogió El entonces un puñado de viento y creó al caballo. Le habló: Te llamo caballo, te doy raza árabe, a tu crin anudo el bien, cabalgándote se logrará botín, la gloria se hallará donde tu estés. Yo te distingo de todos los animales, sobre ellos te hago señor, la querencia de tu amo te concedo; te permito volar sin alas; servirás para perseguir; servirás para huir; en tus lomos subiré a hombres que Me glorificarán, exaltarán y aclamarán…”

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By | 2018-11-27T18:05:32+00:00 noviembre 27th, 2018|Historias de la Equitación|0 Comments

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