EL EQUILIBRIO

 

El séptimo elemento de la escala de entrenamiento nos introduce a un apasionante concepto muy relacionado con la belleza y la grandeza de la disciplina del adiestramiento. Consecuencia directa de la rectitud, derivado a su vez de un asiento correcto, peso bien repartido a ambos lados, esto es, la misma presión aplicada en ambos estribos. Debe ser constante, a cualquier aire, movimiento a ejecutar o disciplina a desarrollar.
Se trata del estado en el que las fuerzas de origen físico se compensan mutuamente, generando como resultado el equilibrio, la estabilidad, la armonía o bien el reposo. Pero no pensemos sólo en el jinete, también el caballo debe tenerlo. Una estructura física correcta y armónica, con buenos aplomos, ayuda claramente a que esta cualidad sea innata. A partir de aquí, nuestra intervención desde arriba, puede mejorarlo o deteriorarlo. Si consideramos un caballo con una morfología correcta, el centro de gravedad (o la convergencia de las fuerzas) se sitúa en la cruz visto desde arriba y lateralmente próximo al faldón de la montura. De todo esto podemos deducir que su equilibrio natural se encuentra más cercano a sus extremidades anteriores, por lo que soportan más peso en sus manos: una de las causas de la mayor incidencia de lesiones en esta parte anatómica. Cualidades físicas como la longitud del cuello (proyección vertical) o de los miembros, inserción de la cabeza y las proporciones entre dorso, grupa o cola (proyección lateral) mejoran o empeoran esta aptitud. El caballo, en resumen, parte por naturaleza de un mal equilibrio, pero no nos referimos a aquel equilibrio que le permite moverse y mantenerse activo, sino a aquel otro que guarda relación con el reparto de pesos y otorga un movimiento correcto, armónico y elegante.

Ejemplo de binomio en equilibrio, una buena actitud.

Aquellos que hemos montado por vez primera potros, hemos advertido la falta de equilibrio por la alteración en su centro de gravedad, lo “boca abajo” que están o desplazados hacia sus anteriores o manos. Dicho desequilibrio provoca un error muy común, la precipitación o velocidad excesiva que conlleva los dolorosos pisotones de los pies a los talones de las manos. Escuchemos las pisadas, que sean todas iguales, con el mismo tempo. Debemos permitir al caballo estirar el cuello hacia adelante y hacia abajo simultáneamente, con un contacto bajo. De esta manera elonga el dorso y aprende a moverse con cierta libertad y coordinación. La rectitud nos va a generar la repartición correcta de los pesos. Para ello la pierna interior va a jugar un importantísimo papel. Bien ceñida junto a la cincha evita que se tumbe y se precipite, la alineación entre espaldas y caderas creará rectitud hasta llegar al ejercicio básico de espalda adelante y más tarde a la espalda adentro. Este último, considero uno de los más importantes para el adiestramiento de todo caballo. Sus espaldas, llevadas hacia el lado interior, permiten ganar en soltura y flexibilidad, eleva la cruz y carga más peso sobre el pie interior. También queda patente la importancia del equilibrio en otras disciplinas, como el salto, donde despegar del suelo y recibir, obliga a una clara estabilidad de animal ayudada por una monta levantada por parte del jinete. En este caso, los ejercicios más importantes los encontramos en los tranqueos en el suelo y en el sistema Cavaletti, en donde jugamos con obstáculos de escasa altura pero situados estratégicamente para obligar a medir las distancias y potenciar el propio equilibrio.

BINOMIO CABALLO-JINETE.
Cuando hablamos de este binomio, pensemos que el nuevo centro de gravedad es modificado por la resultante de las dos fuerzas; caballo y caballero. Si el jinete logra una acción coordinada de ambas variantes, las fuerzas actúan en la misma línea o sentido y tenemos la plenitud en la monta, el consenso, la simetría, la excelencia. A este conjunto ordenado y armonioso lo denominamos binomio, el parecer uno sólo.

Un buen equilibrio para una excelente ejecución.

Resulta interesante subrayar que existe otro tipo de equilibrio no menos importante, el equilibrio psíquico o mental, que puede ser estructurado y consolidado con un trabajo constante, diario y proporcionado. En mi experiencia, los caballos más plenos mentalmente, los que más confianza inspiran, son aquellos que han estado entrenando el adiestramiento clásico de una manera razonada y razonable. La estabilidad mental, es la ausencia de tensión, de estrés, la capacidad de ejecutar los ejercicios de buena gana, el provocarle el gusto y placer por el trabajo, la ausencia de miedo… aunque nos desviaríamos del tema y deberíamos abordar otro concepto nada baladí, la sumisión.

By | 2017-12-17T19:59:05+00:00 diciembre 10th, 2017|La escala de entrenamiento|0 Comments

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