DON QUIJOTE DE LA MANCHA, POR MIGUEL DE CERVANTES.

Todo el mundo ha oído hablar del Quijote. Pero quizá no tantos lo hayan leído. La dificultad para adentrarse en sus páginas viene por dos impedimentos. El primero, que el castellano antiguo, el del siglo XVII, es complicado de entender y de seguir  y el segundo factor, se trata de una obra muy prolija; más de 1000 páginas.
Ante nosotros, tenemos una obra que destila  cordura y locura, sabiduría e ignorancia, amor y humor, aventuras,  calamidades y además…muchos caballos, sobre todo,  muchos caballos. ¿Qué sería de una novela de caballería sin caballos, que  permitan viajar a la inexistente ínsula Barataria, liberar reos de la Santa Inquisición, atacar a amenazadores y etéreos gigantes o perder el último desafío en Barcelona? ¿Cómo podríamos imaginar un caballero sin caballo?
Don Alonso Quijano, personaje fantasioso y real, posiblemente uno de los primeros superhéroes, que desea hacer el bien como leal caballero que es venido a nada. Siempre a lomos de un Rocinante que es rocín, famélico y matusalénico.  De pelo cano y cuerpo consumido, de aspecto estrafalario y anacrónico, espada oxidada y  bacía de barbero adaptada a casco. Víctima de encantamientos y hechizos ajenos, del amor platónico hacia una hembra Tobeseña de pelo en pecho y desfacedor de entuertos profesional. Sus más que dudosas campañas le hacen merecedor de los autoproclamados  títulos de Caballero de la Triste figura y Caballero de los Leones.
Sancho Panza, grotesco,  vulgar, bellaco, hartodeajos, pancirelleno y uñilargo. Amo de un rucio sin nombre. Analfabeto en letras y cifras, pero docto en refranes y sentencias. Perseguidor patético de señores que prometen gobiernos,  con el único fin de salir de la hambruna y miserias del siglo XVII.
Pero, decíamos, todo esto no es posible sin el medio de transporte de esta época: el caballo,  sólo al alcance por entonces de los nobles o personas bien posicionadas; el resto viajaran en animales menos atractivos como burros, pollinos, mulas o acémilas.
El autor, Miguel de Cervantes (1547-1616), llevó una auténtica vida aventurera. Soldado en Italia, herido en Lepanto y apresado en Argel durante 5 años. Se dice que en este largo cautiverio fue plasmando en papel a su personaje manchego. Posteriormente como recaudador de impuestos tiene un desliz en las cuentas y acaba en la cárcel. Curiosamente, nunca pudo vivir de la literatura y su falta de recursos se vio plasmada hasta la muerte: sus huesos acabaron en una fosa común. Se da la circunstancia  de que Miguel de Cervantes, el gran escritor de la lengua española, fallece el mismo día y año que el gran escritor de la lengua inglesa: Shakespeare.  
Ahora ya no tenemos excusa para leer esta obra de una manera entendible, actualizada al español del siglo XXI, gracias a la nueva versión adaptada por Andrés Trapiello, después de bastantes años de trabajo. La se hace cargo de la impresión. Un precio razonable; 22,75 euros. La primera edición data de mayo del 2015 y ya llevan 5 ediciones, algo no muy frecuente en los tiempos que corren…
En el libro abundan los consejos de todo tipo, recuerdo uno para ser un excelente jinete.

“Cuando montes a caballo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzón de atrás, ni lleves las piernas tiesas y estiradas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo, que parezca que vas sobre el rucio; que el andar a caballo a unos hace caballeros y a otros caballerizos”. 

By | 2017-10-17T07:05:47+00:00 octubre 17th, 2017|Libros de lectura|0 Comments

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