¿CONTRATAR CLASES EN GRUPO O PARTICULARES?, PROS y CONTRAS.

Dejemos que nos ayude un profesional en todas las cuestiones relativas al manejo del caballo.

A menudo, cuando decidimos aprender en el ámbito de cualquier disciplina y especialmente la equitación, nos planteamos el dilema de clases en grupo o bien particulares. Vamos a intentar dilucidar los pros y los contras, las ventajas e inconvenientes, lo bueno y lo malo.

La mayoría conseguimos aprender en un grupo a lomos de un sufrido caballo de alquiler, en lo que en argot técnico llamamos “una tanda”. Este caballo de escuela es un auténtico profesional en su trabajo. Tras una clase, viene otra y van siendo acumulativas día a día, mes a mes. Memorizan los ejercicios y los ejecutan con habilidad pasmosa. Se sitúan en su orden correcto en la fila y se limitan a transitar. Aprenden a ser parcos, inexpresivos, indiferentes ante cualquier estímulo. Descubren el punto del mínimo esfuerzo, la zona de confort. Aunque también son de aires lentos y por lo tanto más fáciles de manejo.

Y no espero que esto se vea como una crítica hacia las tandas. Pensemos que muchos de nosotros hemos comenzado de esta manera y guardamos gratos recuerdos de aquellos caballos maestros. Es la manera habitual de conectar con el mundo de la equitación y familiarizarnos en nuestras primeras sesiones.

Pero, ¿qué pasa cuando nuestro nivel de exigencia nos pide más?, ¿qué sucede cuando nos vemos estancados y no percibimos mejorías?, lo cual puede suceder en unas pocas sesiones. Quizá sea el momento propicio para plantearnos las clases personalizadas.

El aprendizaje personal debe ser siempre impartido por un profesional titulado, cualificado, que sea capaz de controlar las emociones, algunas tan negativas como el miedo. Que sepa transmitir calma y respeto hacia el caballo. Esta podría ser la síntesis de lo que esperamos de nuestro profesor de equitación. Pensemos que estará toda una sesión volcado con nosotros, luego sus recursos deben ser ampliamente demostrables y por supuesto, disponer de alguna titulación homologada y de amplios conocimientos del entrenamiento y sicológicos.

Cada vez se impone con más fuerza la idea del entrenador personal en la mayoría de las disciplinas deportivas. Atletismo, ciclismo, natación, tenis y esquí han sido las que tradicionalmente han usado más este sistema. Últimamente, cada vez más, se impone con fuerza en nuestro deporte, la equitación.

Los que hemos experimentado las bondades y ventajas del método personalizado, sabemos lo provechoso que puede resultar. Ciertamente, puede resultar más caro , pero a medio plazo se vuelve más rentable. Permite, en las fases iniciales , los valiosos entrenamientos a la cuerda, indispensables para adquirir un perfecto equilibrio, donde aprendamos el manejo de las riendas y desarrollo de los tres aires sin estribos. Que la búsqueda de la posición idónea sea lo primordial y se superponga al simple hecho de galopar alrededor de la pista bajo el método del “todo-vale”. Tener claros los conceptos ecuestres, de equilibrio y respeto al caballo, anteponer la calidad a la cantidad.

Superada esta fase de iniciación, ascendemos al siguiente estrato: el nivel medio. Ahora, la figura del entrenador particular, aún sigue siendo más necesaria. Va a marcar las directrices de las sesiones. El orden del trabajo que permita enlazar los diferentes ejercicios y elaborar entrenamientos racionales y sensatos, siempre con métodos ascendentes, de menor a mayor dificultad, de menor a mayor requerimiento físico y síquico.

Si sopesamos todas las ventajas de tipo técnico al inconveniente económico, seguro que nos compensa. Para los más reacios, transcribo algunas ideas sugeridas por un clásico de la equitación: Alois Podhajsky. “El profesor de equitación”, es una obra no publicada en España y nada fácil de conseguir. El jinete y director de la Escuela Española de Equitación de Viena, hace los siguientes comentarios en torno a lo que se espera del docente.

Resulta esencial que nuestro nuevo profesor tenga suficiente experiencia pedagógica y como jinete.

 

“Debe tener un conocimiento completo de la materia, estar en condiciones de impartir una demostración práctica al alumno. Además, tendrá un conocimiento profundo del caballo.”

“El profesor de equitación debe tener autocontrol, paciencia y modestia.”

“El profesor debe ser capaz de montar y demostrar los principios básicos de la equitación.”

Como conclusión, mi opinión es que las tandas y las clases colectivas pueden ir bien al comienzo y permiten adquirir un nivel mínimo. Posteriormente, el profesor particular debe ser imprescindible para afinar y formar un jinete. ¿Y vosotros que opináis?, ¿clases en grupo o personales?.

By | 2017-10-22T18:21:24+00:00 octubre 5th, 2017|Apuntes al entrenamiento, Entrenamiento|0 Comments

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