CHARLES DARWIN Y LA MONTA GAUCHA.

Charles Darwin es reclutado a bordo del barco científico Beagle para recolectar muestras naturalistas por todo el mundo. En las interminables llanuras de la Pampa argentina es testigo excepcional de como se doman los potros. Posiblemente, como refiere él mismo, es la primera vez que se describe éste peculiar método. El científico, dotado de una sensibilidad hacia la vida adelantada a su época, queda profundamente impresionado por lo que ve. Así lo plasma en su obra “Viaje de un naturalista” (1860), de la que transcribimos este interesante extracto:

“Una tarde vi llegar a un domador de caballos, que venía con objeto de domar algunos potros. Voy a describir en pocas palabras las operaciones preparatorias, pues creo que hasta ahora no las ha descrito ningún viajero. Se hace entrar en un corral un grupo de potros cerriles, y luego se cierra la puerta. Casi siempre, un solo hombre se encarga de montar un caballo que nunca tuvo silla ni rienda, creo que sólo un gaucho puede conseguir ese resultado. El gaucho elige un potro de buena estampa, y en el momento en que el caballo galopa alrededor del circo, echa su lazo de modo que rodée las dos patas delanteras del animal. El caballo cae inmediatamente; y mientras se revuelca por el suelo, el gaucho gira en torno con el lazo tirante, de modo que rodée una de las patas traseras del animal y la acerque lo más posible a las delanteras; luego ata las tres juntas con el lazo. Se sienta entonces en el cuello del caballo y ata la quijada inferior con un ronzal fuerte, pero sin ponerle bocado; esa brida la sujeta pasando por los ojetes en que termina una tira de cuero muy fuerte, que arrolla varias veces alrededor de la mandíbula y de la lengua. Hecho esto, ata las dos extremidades torácicas del caballo con una fuerte tira de cuero con un nudo corredizo; entonces quita el lazo que retenía las tres patas del potro, y éste se levanta con dificultad. El gaucho agarra la rienda fija en la mandíbula inferior del caballo y le saca fuera del corral. Si hay otro hombre, éste sujeta la cabeza del animal mientras el primero le pone manta, silla y cincha. Durante esta operación el caballo, con el asombro y el susto de sentirse ceñido así alrededor del cuerpo, se revuelca muchas veces por el suelo y no se le puede levantar sino a palos. Por último, cuando se ha concluído de ensillarlo, el pobre animal, blanco de espuma, apenas puede respirar; tan espantado está. Se prepara entonces el gaucho para montar, apoyando con fuerza en el estribo de modo que el caballo no pierda el equilibrio. Puesto ya a horcajadas, tira del nudo corredizo y queda libre el caballo. Algunos domadores sueltan el nudo corredizo mientras aún está tendido en el suelo; y montando en la silla, le dejan levantarse. El animal, loco de terror, da terribles botes y luego sale al galope; cuando queda rendido, a fuerza de paciencia, le lleva el hombre al corral, donde le deja en libertad, cubierto de espuma y sin poder apenas respirar. Cuesta mucho más trabajo desbravar a los caballos que, no queriendo salir al galope, se revuelcan tercamente en el suelo. Este procedimiento de doma es horrible, pero el caballo no hace ya resistencia alguna después de dos o tres pruebas. Sin embargo, se requieren varias semanas antes de poner el bocado de hierro, pues es preciso que aprenda a comprender que el impulso dado a la rienda representa la voluntad de su dueño; hasta entonces, de nada serviría el bocado más potente”.

Viaje de un naturalista alrededor del mundo (1860),

Charles Darwin (1809-1882).

Una escena similar a esta impresionó a Charles Darwin.

Copyright 2020 vcadiestramiento.com- Vicente Castillo | Todos los datos reservados.

By | 2020-04-10T18:42:19+01:00 abril 10th, 2020|¿Sabías qué?, Historias de la Equitación|0 Comments

Leave A Comment