BUFALO BILL, UNA HISTORIA DEL SALVAJE OESTE.

Buffalo Bill Wild West, imágenes de su espectáculo.

El llamado lejano oeste americano o salvaje oeste tiene abundantes tópicos y referencias que a veces se quedan cortas frente a la realidad. Es el tiempo de una migración masiva de europeos que intentan hallar su oportunidad en un país virgen, dedicándose al ganado, la agricultura o en busca del codiciado oro que los hiciera ricos, huyendo de persecuciones religiosas, pobrezas extremas o guerras que se sucedían en el viejo continente.

En 1846, en la ciudad de Iowa -perteneciente al condado de Scott- nace un bebé que es llamado William Frederick Cody. Muy pronto se traslada a Kansas, donde se queda huérfano con 11 años y tiene que ingeniárselas para sobrevivir. Sus primeros trabajos son al cuidado del ganado o de controlador en el vagón de un tren. Hasta que cumplió los 15, estuvo probando suerte como buscador de oro. También forma parte del servicio de correos del famoso Pony Express, había que ser un jinete muy diestro para recorrer cortas distancias a la máxima velocidad y realizar frecuentes cambios de montura por otras más frescas. También se alista en el 7 Regimiento de Caballería de Kansas, combatiendo en el lado de la Unión durante la Guerra Civil o Guerra de Secesión. Fue partícipe en diferentes expediciones militares contra los indios cheyenes y sioux.

En 1867 existe un faraónico proyecto de vertebrar el país con el novedoso ferrocarril. Con 21 años, se le selecciona para proveer de alimento a los empleados que iban a instalar la red ferroviaria de la compañía Kansas Pacific Railroad. Y qué mejor opción que dar de comer aquello que se encuentra más cerca; las inmensas manadas del mal denominado búfalo. Al cabo de dieciocho meses, se calcula que él solo llegó a abatir a unos 4.000 ejemplares de bisonte (bison bison). Esta cuestionable “gesta” le otorgó una gran popularidad como experto tirador y cazador, también le hizo ganarse el sobrenombre de Búfalo. Su segundo “apellido” lo ganó en una apuesta con el gran cazador Bill Comstock, superándole en animales abatidos. A partir de entonces pasó a ser conocido como Búfalo Bill.

No fué el único que contribuyó a la casi desaparición de este animal icónico. Parece que todo el mundo le declaró la guerra en un país sin ley. En efecto, sirvió como reclamo turístico y entretenimiento a los viajeros del tren que pasaban largas horas y eternos días de viaje, haciendo blanco desde el asiento de los vagones. Las sendas naturales de migración se vieron cortadas por diferentes infraestructuras y las nuevas ciudades que se fundaban contínuamente. El valor nutricional de su carne machacada, mezclada con bayas locales y grasa -llamado “pemmican”- lo convertía en una especie de barrita energética muy valorada por tramperos y conquistadores. También la matanza de estos animales respondió a una estrategia orientada al declive y arrinconamiento de los indios, que vivían de las grandes manadas y de sus hábitos migratorios. Si a esto le unimos una severa sequía y varios brotes epidémicos, el bisonte llegó al borde de la extinción. Las ubérrimas praderas de norteamérica después de muchos siglos quedaron vacías; llegó el momento de introducir las vacas cornilargas y dejarlas a cargo de los vaqueros que dieron paso a la leyenda del lejano oeste.

Búfalo Bill y su caballo Duke.

Personas proscritas y ciudades peligrosas para la convivencia, hicieron que los nuevos asentamientos contrataran a pistoleros como representantes de la ley. La población de Hyde Park vivió una sola temporada como estación de paso de ganado, en el recorrido de Newton a Chicago, 30.000 cabezas eran conducidas por multitud de vaqueros que iban sembrando la inseguridad y la violencia por donde pasaban. La ciudad contaba con 27 salones y 8 salas de juego. Diferentes representantes de la ley pasaron por allí, casi todos huían viéndose superados por la situación o simplemente no les daba tiempo y terminaban con alguna bala en el cuerpo. Búfalo Bill fue contratado a sus 40 años, se dice que logró poner orden, dejando 15 muertes en su período de mandato. Al parecer, los cuatro hermanos de un ajusticiado fueron en busca de venganza y acabaron abatidos en un duelo frente a frente con Bill.

Con la entrada del siglo XX todo iba cambiando, y esa vida de película, violenta y dura, desaparecía. El ferrocarril ya vertebraba un gran país amparado por leyes y funcionarios públicos que se encargaban de hacerlas cumplir. Los vaqueros de leyenda se iban diluyendo. Fue entonces cuando, seguramente en un gesto de aferrarse al único estilo de vida que había conocido, decide montar un espectáculo donde mostrar sus habilidades a caballo. Decide llamarlo Buffalo Bill Wild West. En 1882 organiza el primer rodeo profesional que es un éxito. Esto le anima a reclutar jinetes de aquí y de allá. Indios pieles rojas, chinos, árabes, negros y blancos. Todos excelentes especialistas que mostraban sus habilidades en cargas de caballería, enlazado y rodeo de potros, o disparos que daban en la diana en los galopes más frenéticos. Sin querer, con sus vistosos números, forjó el cliché del lejano oeste que luego se plasmaría en las películas de Hollywood, generando los numerosos arquetipos que hoy todos conocemos. Este espectáculo recorrió los Estados Unidos y media Europa durante casi 20 años y todo el mundo quería conocer a las máximas leyendas del momento; Búfalo Bill, Calamity Jeane y el gran jefe sioux Toro Sentado.

Toro Sentado y Búfalo Bill.

Consultada la hemeroteca de diferentes diarios de la época, informan de las tres semanas de funciones con no mucho éxito en Barcelona, durante las Navidades de 1889. El espectáculo coincidió con un temporal de lluvias y el pundo álgido de la famosa epidemia mal llamada gripe española, que causó unos 200.000 fallecidos en nuestro país. Se inaugura lo que denominan un hipódromo entre las actuales calles del Ensanche: Aribau y Roselló. Las entradas costaban la nada desdeñable cantidad de 2 a 5 pesetas (recordemos que un periódico tenía un precio de 5 céntimos). Búffalo Bill se alojó en un hotel que aún existe, el Cuatro Naciones. 200 indios y otros tantos vaqueros (sobre todo mejicanos), 200 caballos, 30 búfalos, 50 bisontes y más de 100 ciervos son transportados desde Nueva York en un gran barco fletado a tal propósito (el Persian Monarch), dando una ligera idea de la gran magnitud del espectáculo, probablemente uno de los más vastos jamás organizados.

De una importancia histórica podríamos calificar el espectáculo de Paris con dos actuaciones diarias, con motivo de la Exposición Universal se instala en la explanada de Neuilly, unos terrenos cedidos por el gobernador militar de la capital gala. Se fabricó un graderío de madera con una capacidad para 20.000 personas, el más alto jamás construído en Francia.

Los indios norteamericanos actuaron en Europa en calidad de prisioneros de los Estados Unidos, pero vinieron a condición de no ser exhibidos fuera del espectáculo. En esta época, hubo una tendencia de mostrar seres de lugares recónditos como atracciónes morbosas en las ferias o en recintos zoológicos, la mayoría acababan falleciendo por falta de adaptación al clima y a la alimentación, tal fue el caso de esquimales, pigmeos o la expedición de indios fueguinos que trajo el capitan Robert FitzRoy, conductor del buque bergantín Beagle. Aquel barco dedicado a la expedición científica que dió la vuelta al mundo recopilando restos naturalistas de la mano de un joven Charles Darwin.

Pero las cosas no son siempre como parecen y una empresa de esta magnitud no era fácil de mantener. La quiebra llegó al circo perdiendo todo. Se cuenta que su famoso y viejo caballo Isham, de 25 años, fue subastado y el nuevo propietario no logró superar el remordimiento de su acción, devolviéndole el animal entre lágrimas de emoción.

El 10 de enero de 1917, a sus 70 años, fallece por una dolencia renal que ya llevaba tiempo tratándose en un balneario. Su tumba es uno de los muchos reclamos turísticos de Denver, aquí encuentra la muerte mientras visitaba a su hermana. De esta manera acaba el hombre y nace la leyenda; cómics o películas donde se describen las aventuras más extremas e impensables hacen que Búfalo Bill sea un personaje de referencia para los amantes de la nostalgia, de los caballos y de la vida salvaje.

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