CARLOS V EN LA BATALLA DE MÜHLBERG.

 

¿Quién no conoce este cuadro?, sin duda, uno de los más importantes de la historia del arte. El autor, Tiziano Vecellio fue un pintor italiano contratado por el prognático, enfermo y todopoderoso Carlos V, como pintor de la corte. Esta obra es una de las primeras que trazará la tendencia a los retratos ecuestres, una especie de propaganda o mejora de la imagen pública, de magnificar y deificar a un dirigente. En el Museo Nacional del Prado, se encuentra este óleo sobre lienzo de unas medidas colosales: 3,35m por 2,83 m, que llena toda una pared y congrega una gran multitud de público permaneciendo en observación, durante largo rato, como extasiados.
Es fundamental no quedarse con la imagen externa e intentar profundizar un poco más. Así, por ejemplo, hay ciertos detalles que nos hacen comprender mejor la pintura.

-La armadura, de acero y oro, es más bien ornamental o de gala, con una imagen en el pecho de la virgen con el niño. En la armería del Palacio Real de Madrid, podemos contemplar la original. Posée un curioso mecanismo que permite montarla y desmontarla con cierta facilidad.
-La lanza del centurión Longinos. Empuñada por este soldado, atravesó el costado de Cristo cuendo éste se encontraba exánime, saliendo sangre y agua, considerado como un milagro. También se la asocia a la lanza de San Jorge, caballero cristiano por excelencia. Por lo tanto, se le otorga un significado de lanza justiciera, de terror del hereje. Fundamental para la derrota de los soldados germanos protestantes en las orillas del río Elba, el 24 de abril de 1547 y manteniendo la unificación del llamado Sacro Imperio Romano Germánico.
-El Vellocino de oro, la famosa orden de caballería vinculada a los Hadsburgo y emblema de poder. Sus miembros más distinguidos, ostentan un espectacular colgante en el que aparece un carnero, como alusión a la ciudad de Brujas, por aquel entonces productora líder a nivel mundial de lana y tapices. Los eslabones lucen la letra B, de Borgoña. En la actualidad S.M. Don Felipe VI, Rey de España, luce este distintivo de la Orden.
-El caballo, un tanto idealizado, un español de la época de capa castaña y entero, enjaezado al estilo de la caballería ligera. El galope muy expresivo y adoptando la expresión máxima de la reunión. Hoy nos referiríamos a un caballo detrás de la vertical o trabajado con la técnica del “rollkur” o hiperflexión del cuello. El bocado, de los llamados de guerra, severos que permiten dirigir al caballo con bastante facilidad. La montura, igualmente de guerra, permite una sujección máxima al llevar las piernas encajadas. La mantilla, también denominada gualdrapa, le da el aspecto magnífico; el que merece un personaje así.

Carlos V en la batalla de Mühlberg.

 

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By | 2018-02-27T20:07:58+00:00 enero 29th, 2018|El Caballo y el Arte|0 Comments

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